La huella aragonesa de Giménez Corbatón

La pasada tarde fue una de esas tardes en las que te alegras por estar rodeada de buenas e interesantes personas, una de esas tardes en las que te congratulas por compartir espacio y tiempo con ellas, una de esas tardes, en definitiva, en la que te das cuenta que merece la pena abrirte a  los demás. Eso es, al menos, lo que sintió esta humilde redactora al compartir un inolvidable y entrañable encuentro con  José Giménez Corbatón y  los asistentes al club de lectura de la biblioteca, el pasado 21 de marzo en el IES Grande Covián. Dicho club  se enclava en el Programa Leer Juntos, a través del cual se pretende animar a toda la comunidad escolar a fomentar la lectura.  En el centro nos hemos propuesto el objetivo, en la medida de lo posible, de traer autores que escriban sobre Aragón, pero sin cerrarnos a otras lecturas que también puedan enriquecernos, de hecho la primera de ellas fue El cuento de la criada de la canadiense Margaret Atwood.

Para esta segunda sesión, tuvimos la suerte de contar con un autor de la zona; José Giménez Corbatón, el cual, a pesar de pasar muchos años en Francia como profesor de castellano, nunca ha olvidado sus raíces. Se decidió elegir dos de sus libros; El fragor del agua y la Fábrica de huesos, porque estaban ambientados en Teruel el primero y en Zaragoza, el segundo. Estos, junto a Tampoco estaba vez dirán nada y Voces del Alba forman una tetralogía, en la que se distingue una nostálgica tristeza por la irremediable desaparición de una forma de vivir que no se volverá ya a recuperar.

Para algunos críticos hablar de Giménez Corbatón es hablar de buena literatura, de buena narrativa, la de los escritores que la sedimentan, la amparan, la construyen, le dan vuelo, y nos la devuelven en literatura novelada, carne de relato y por eso viva. Esa es la sensación que se tiene al ir recorriendo las líneas de sus novelas como si recorrieras las vidas de sus personajes y estas, poco a poco fueran formando parte de la tuya.

El autor pasó toda su infancia en el barrio de Las Fuentes, a pesar de que la omnipresente Wikipedia afirme que en La Almozara, no obstante siempre ha tenido presente su origen turolense y, por eso,  decició situar en dicha provincia a su imaginario Crespol. El fragor del agua es una colección de siete relatos ambientados en las masadas de Teruel durante la posguerra española. A través de ellos el lector se da cuenta de la profunda huella, que este terrible suceso del pasado español, dejó en la población civil. Giménez Corbatón nos desveló que intentó recrear un mundo al que solo conocía de oídas, para lo cual se dirigió, directamente a las voces que habían vivido en persona este pasado. Además nos confesó que alguno de los relatos surgieron de noticias de periódicos, como  el de “El mas del río” y que muchos de los personajes que en ellos se reflejan, existieron realmente. Finalmente afirmó que siempre prefiere titular el libro de la misma manera que alguno de los relatos que en él se recogen, en este caso el último de ellos.

La fábrica de huesossituada en Zaragoza, recoge sus vivencias más personales sobre la infancia,  dicha fábrica  existió realmente, la cual nos hace recordar ese mundo mísero de Charles Dickens con un poco de Determinismo de Émile Zola y un toque de Valle-Inclán. En esta obra se relata la vida de unas pobres gentes que intentan vivir con la mayor dignidad posible en medio de la pobreza, la inmundicia y la sordidez de un ambiente del cual es muy difícil escapar.  No es una novela de grandes héroes, ni de grandes aventuras, sino que se trata de una novela de personajes y hechos humildes que, por cercanos, nos emocionan más.

No obstante, la fusión entre realidad y ficción se da una vez más en esta obra, al mezclarse en ella personajes reales y entes inconfundiblemente literarios, como Asturias y su perro, o el gitano Andrés,  que bien podrían haber salido de las páginas de Luces de Bohemia.

Giménez Corbatón nos confesó que empezó varias veces esta novela, pero que nunca tomaba la dirección que a él le gustaba, y que tras un desgraciado accidente, pudo tener el tiempo suficiente para acabarla, surgiendo así, al menos, algo bueno de aquel desafortunado susto.

La sesión acabó con las interesantes aportaciones de los asistentes, que contribuyeron a enriquecer la interpretación de las obras leídas, creando de esta manera, un ambiente tan cordial y entrañable, del cual tuvimos que salir a regañadientes.

Para la próxima sesión se propuso leer el ensayo  Alcohol y literatura de Javier Barreiro, de nuevo esperamos tener la suerte de contar con el propio autor para intercambiar impresiones con él.  Se han barajado varias opciones de fechas, pero más o menos podrían ser  finales de mayo o principios de junio, ya comentaréis cuál os va mejor, teniendo en cuenta que las reuniones han de ser en miércoles.

Bueno, finalmente me gustaría agradecer la asistencia de todos los que pudieron acudir el pasado miércoles 21 de mayo y animar a todos los demás a que nos beneficien con su presencia y aportaciones, ya que sin todos vosotros este programa no tendría sentido.

Yolanda Comín

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