El pasado 23 de mayo cerramos por este curso el programa Leer Juntos del Grande Covián, en esta ocasión tuvimos la sugerente visita de Javier Barreiro; un canalla divertido, socarrón y políticamente incorrecto.

Javier estudió Filología Hispánica en la Universidad de Barcelona. En sus inicios como escritor, ganó el I premio Ramón J Sender de Periodismo y el Premio Nacional de Poesía Universitaria. En 1981 obtuvo el primer premio de cuentos convocado por el Ayuntamiento de Zaragoza por Establecimiento de bebidas y, en 1982, San Jorge de Relatos por El parto de los montes. Es experto en música popular —tango, cuplé, zarzuela, jota, revista, copla, canción española, entre otros estilos— bohemia y literatura del siglo XX. Es vicepresidente de ARPAMS —Asociación para la Recuperación del Patrimonio Aragonés Musical y Sonoro—. Entre 1992 y 1996 codirigió la revista de artes y letras El Bosque de las diputaciones de Zaragoza y Huesca. Profesor de Lengua y Literatura en institutos de Educación Secundaria de Zaragoza, en el INBAD y en el CIDEAD. En 1985 fue nombrado académico correspondiente de la Academia Porteña del Lunfardo, con lo que fue el miembro más joven de la Institución, y, poco después, de la Academia Nacional del Tango. Ha impartido más de trescientas cincuenta conferencias, publicado más de seiscientos artículos y dictado cursos en universidades de Europa y América. Es autor del monumental Diccionario de Escritores Aragoneses Contemporáneos (1885-2005) y de otros cuarenta libros.

La sesión comenzó con la entrañable presentación de la profesora Blanca Chollet, cuyo parentesco con el autor permitió beneficiarnos de interesantes y sustanciosos datos sobre su vida. Dando paso a continuación a un torrente de conocimientos que, como el buen vino, había que saborear poco a poco. Alcohol y literatura es un libro que ha adoptado forma de ensayo, debido a que, como el mismo autor reconoce, su labor pedagógica siempre ha jugado un papel importante en su vida. Empieza con un embriagador repaso a la historia del alcohol y cómo este ha ido parejo al avance de la civilización, diferenciándonos así de los animales, aunque estos también suelen buscar esos estadios oníricos que proporcionan ciertas plantas o frutos silvestres. Pero la elaboración y el disfrute en compañía de las bebidas alcohólicas, sin duda, son rasgos que nos caracterizan como humanos.

No tengo intención de desvelar demasiado sobre su libro, porque verdaderamente hay que leerlo y paladearlo como el whisky escocés, lo que sí pretendo llevar a cabo es un intento de transcripción de todas las ideas que allí surgieron, tanto del autor como de los asistentes. Javier Barreiro comenzó su exposición argumentando que la idea de este libro surgió a raíz de una conferencia que versaba sobre el alcohol, las drogas, el suicidio y la literatura, y fue tal el material que recogió que se decidió a escribirlo. La labor de documentación y de elaboración fue ingente, hasta el punto que le llevó veinticinco años. Algunas ideas que allí brotaron como la caña de azúcar fueron;

La literatura no es el qué, sino el cómo. Aquí surgió un inesperado y cordial enfrentamiento con una asistente que argumentaba, entre otras cosas, que un libro de ciencias podía ser también literario.

El humor hoy en día está en retroceso, un humor sin agresión resulta blando. Afirmación muy reveladora. (No hay más que añadir)

En el ser humano existe el deseo de cambiar el plano sensorial, de ahí la búsqueda de esos paraísos artificiales que proporciona el alcohol.

En el Romanticismo la relación entre alcohol y literatura fue más estrecha, debido a las características del movimiento literario.

No existe un estilo literario dipsómano, pero el alcohol proporciona estados en los que los límites entre realidad y ficción se diluyen y que pueden ser aprovechados para la escritura.

En la actualidad el alcohol ha pasado al ámbito privado, ya no se entiende como una fiesta. Tras estas palabras el autor deja vislumbrar cierta romántica nostalgia hacia el ambiente tabernario, hoy en día perdido, de Zaragoza; menciona El Bohemio, El Bonanza, El Druida, como cafés literarios, testigos de una época que ya no volverá. Aunque añade que, todavía podemos encontrarnos en las zonas rurales vestigios de ese concepto festivo de las relaciones humanas.

Se cuestionó la importancia que tuvo el alcohol en la creación de Bajo el volcán de Malcolm Lowry, una de las mayores obras de la literatura de todos los tiempos, llegando a la conclusión de que, si bien no existe un estilo literario que pueda clasificarse como dipsómano, sí que se podría interpretarse que un estilo fragmentario y confuso podría ser consecuencia de los vapores etílicos propios del alcohol.

El autor contestó generosamente a todas las preguntas y aceptó alguna que otra crítica, como la referencia a que el capítulo sobre cine no parecía encajar muy bien con el resto del libro, por eso me gustaría agradecer de nuevo ese streaptease emocional que supone este tipo de charlas para los escritores y, por otro lado, reconocer la incisiva agudeza que, como un penetrante coñac, destilaron los asistentes.

La tarde dio mucho más de sí, pero no esta humilde redactora que necesita zambullirse en la corrección de ese mar de exámenes que le esperan sobre la mesa, así que espero que os haya instruido y entretenido esta reseña a todos aquellos que asistieran o no a la sesión con Javier Barreiro.

Me despido de todos vosotros hasta el próximo curso y nuevamente me gustaría agradeceros vuestra inestimable colaboración en este club, que no hubiera sido posible sin vosotros.

Hasta el curso que viene, el cual promete ser inolvidable

Yolanda Comín
 

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