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La última semana de octubre, alumnos y alumnas de 4º de la ESO del IES Grande Covián realizamos un recorrido guiado por la ruta de los Sitios de Zaragoza, organizado por el departamento de Geografía e Historia con el objetivo de conocer mejor la historia de nuestra ciudad. La actividad nos permitió recorrer algunos de los lugares más significativos relacionados con los asedios que sufrió Zaragoza durante la Guerra de la Independencia.

Comenzamos la visita en la Basílica del Pilar y el puente de Piedra, donde la guía nos explicó el papel simbólico que tuvo este templo durante los Sitios y cómo se convirtió en un punto de esperanza para los zaragozanos. Desde allí nos dirigimos a la Plaza de San Felipe, donde aprendimos la historia de la desaparecida Torre Nueva y de los combates que tuvieron lugar en esa zona. Muchos de nosotros habíamos pasado por allí mil veces, pero nunca nos habíamos parado a pensar en todo lo que había ocurrido en ese lugar.

Nuestra siguiente parada fue la Plaza de España, un espacio que representa la reconstrucción de la ciudad tras la guerra. Nuestra guía nos hizo reflexionar sobre cómo Zaragoza supo levantarse de nuevo después de tanta destrucción. Continuamos hasta la Plaza de Santa Engracia, donde se encuentra el monumento a los mártires, y conocimos la importancia de este lugar como homenaje a quienes murieron defendiendo la ciudad.

Finalmente, terminamos el recorrido en la Plaza de los Sitios, una de las plazas más grandes y con más encanto de la ciudad, presidida por el gran monumento conmemorativo de aquellos hechos históricos realizado por Agustín Querol, con representación de personajes y escenas relacionadas con la defensa de Zaragoza y rematado por la figura alegórica de la ciudad. Allí comprendimos la relevancia de los Sitios en la identidad zaragozana y el valor de sus habitantes frente a la adversidad. Mientras escuchábamos, pensábamos en lo mucho que ha cambiado la ciudad, pero también en cómo conserva su espíritu de resistencia.

La actividad resultó muy interesante y educativa. Nos ayudó a entender que, detrás de los monumentos y las calles que recorremos a diario, se esconde una historia de esfuerzo, sacrificio y resistencia que forma parte de nuestras raíces. Al final del recorrido estábamos cansados, pero contentos. Habíamos aprendido un montón de cosas y todos coincidimos en que mereció la pena. Fue una forma diferente y divertida de aprender historia, y además, de valorar mucho más la ciudad en la que vivimos.

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