“Algunas de sus obras deben quedar entre las que han constituido el enriquecimiento de la humanidad por el arte.” (René Huygue, El Arte y el mundo moderno)

Así de contundente se expresaba el historiador del arte en ese manual clásico al abordar la figura de Giorgio Morandi (Bolonia,1890-id, 1964), singular pintor y grabador figurativo que conjugó la tradición con planteamientos artísticos muy novedosos cercanos a la abstracción. En su juventud descubrió a los precursores y grandes maestros del Renacimiento italiano (Giotto, Masaccio, Piero de la Francesca, Paolo Ucello), cuya influencia, al igual que la ejercida en otros pintores del Novecento (que propugnaban el retorno a la esencia del arte italiano), se advierte tanto en la disciplinada representación de las formas como en la claridad de sus composiciones. No olvidemos otros ecos procedentes de la Escuela de Bolonia, de los artistas del Siglo de Oro español, especialmente de Zurbarán, y de Jean-Baptiste Simeón Chardin, a quien admiró abiertamente. Del maestro francés, "Morandi encontró a alguien verdaderamente equivalente en la historia, a quien le preocupaban las mismas cuestiones: el primero que abordó el tema de la pintura en sí misma a través de un género específico -la naturaleza muerta- con el fin de comprender todo su potencial".

Buena parte de su temática son bodegones compuestos por objetos de extremada sencillez, que aproximan su obra también a la de Cezanne y, especialmente, a la de Giorgio de Chirico, con el que mantuvo vínculos amistosos y artísticos (algunas obras de juventud se adscriben a la Pintura Metafísica). Los motivos representados son, por lo general, cajas, tazones, cuencos o escudillas, vasos, botellas y jarras, utensilios de la vida cotidiana con los que genera “una especie de grave y silenciosa meditación”. Podemos establecer un parangón entre las formas puras de Morandi y las escenografías del creador de la Pintura Metafísica, que revelan una nostálgica atracción por la eterna belleza de las formas exactas.

Muy interesante es su evolución pictórica, en la que se suceden obras de modelado clásico y de claroscuro inapreciable que reivindican el aspecto bidimensional de la tela, de paleta terrosa, casi monocroma, y de una variedad tonal, con audaces combinaciones que recuerda la pintura de Vermer (maestro citado por René Huygue al tratar la figura de Morandi).

Otro aspecto a destacar es su importante actividad como grabador que había iniciado en 1912, donde deja patente su interés por las formas precisas y desarrolla un lenguaje gráfico de combinación y disposición de trazos muy personal. Sobre esta faceta, hemos de señalar que entre 1930 y 1956 fue profesor de grabado al aguafuerte en la Academia de Bellas Artes de su ciudad natal.

Tras esta introducción a la figura de Morandi queremos mostrar nuestra admiración con algunas copias e interpretaciones de sus pinturas y grabados realizadas por alumnos de cursos pasados, mediante témperas, collage o un simple rotulador de punta fina. Destaquemos las aproximaciones pictóricas de Aysa Ejaz, Laura Ronda, Marta Gómez, Ana Montuenga y Lisa Xiang. La obra gráfica está representada por Iris Julián y Marta García que emplean un trazo desenvuelto, fiel al modelo original. En definitiva, todos estos trabajos suponen un acercamiento imborrable a uno de los grandes maestros del siglo XX.
 

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